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Naturaleza

Las levadas de Madeira: caminar junto al agua

Canales de riego centenarios que hoy funcionan como la red de senderos más fotogénica del mundo.

4/3/20262 min de lectura

Cuando los primeros colonos de Madeira se dieron cuenta de que el norte de la isla estaba constantemente empapado y el sur seco pero cultivable, pasaron los siguientes cuatrocientos años tallando canales de piedra a través de las montañas para mover el agua de un lado a otro. Esos canales se llaman levadas, y los senderos estrechos construidos junto a ellas, pensados originalmente para los trabajadores que mantenían el caudal, son hoy uno de los grandes sistemas de senderismo de Europa.

La primera de la que casi todo el mundo oye hablar es la Levada do Caldeirão Verde. Empieza en Queimadas, un prado salpicado de casas con tejado de paja que parece sacado de un cuento, y bordea el flanco de un valle profundo a través de bosque de laurisilva y túneles abiertos directamente en la roca. Necesitarás una linterna frontal para los tramos sin luz, y un chubasquero, porque la niebla llega sin avisar. Después de unas dos horas y media, el sendero termina en un anfiteatro circular de acantilados cubiertos de musgo con una cascada de cien metros que cae en una poza verde. Es, sinceramente, ridículo de bonito.

Para algo más tranquilo y corto, prueba la Levada das 25 Fontes, cerca de Rabaçal. El camino serpentea junto a caídas verticales y luego se abre a un pequeño lago alimentado por veinticinco manantiales que gotean desde la roca. En verano puede llenarse, así que ve pronto o al final del día. Si quieres alargar la jornada, enlázala con la Levada do Risco, que lleva hasta una cascada mucho más alta a un pequeño desvío de distancia.

Algunas cosas que llevar y que conviene saber. Botas de senderismo de verdad, no zapatillas. Agua y algo de comer, porque la mayoría de los senderos no ofrecen nada por el camino. Una mochila pequeña con una capa impermeable, incluso en una mañana soleada en Funchal. Y trata las levadas con el respeto que merecen: los caminos son estrechos, a veces del ancho de una sandalia, sin barandilla y con una caída considerable a un lado. Camina despacio, tómate tu tiempo, y la isla te regalará vistas para las que nada en internet te habrá preparado.

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