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Cultura, Patrimonio y Sacro

Lisboa en un Día: el Oceanário, el Teleférico y los Clásicos

De los tiburones del Parque das Nações a un paseo tranquilo sobre el río, así se pueden encadenar los lugares más conocidos de Lisboa sin perder media jornada haciendo cola.

10/7/20263 min de lectura

Las atracciones más conocidas de Lisboa están lo bastante repartidas como para que intentar verlas todas en un día parezca mala idea, y casi siempre lo es, pero un puñado de ellas se concentra bien alrededor del Parque das Nações y se pueden encadenar si se empieza pronto y se reserva todo online con antelación. El Oceanário de Lisboa es la primera parada obvia: uno de los acuarios más grandes de Europa, construido para la Expo 98, con un tanque central donde nadan tiburones, rayas y un pez luna que parece disfrutar de la atención. Llegue a la hora de apertura, porque a partir de las once los grupos escolares llegan en masa y los pasillos frente al tanque de tiburones se convierten en una multitud de móviles en alto.

Justo a la salida del Oceanário, el Telecabine Lisboa le desliza suavemente sobre los jardines ribereños durante unos diez minutos, desde cerca del acuario hasta la torre Vasco da Gama. No es emocionante en el sentido de montaña rusa, es emocionante en el sentido más tranquilo de ver el Tajo abrirse debajo mientras las piernas descansan tras una mañana de pie frente a peceras. Compre un billete solo de ida y vuelva caminando por el paseo ribereño, pasando junto al casino y el centro comercial con forma de barco, en vez de deshacer el mismo camino.

Si quiere incluir la ciudad más antigua, eso es en realidad otra media jornada, e intentar meterlo todo en la misma tarde suele acabar en carreras. El ascensor de Santa Justa, esa torre de hierro plantada en medio de la Baixa, conecta las calles comerciales de abajo con las ruinas del Carmo arriba, aunque la cola para el ascensor puede llegar a los cuarenta minutos; subir la escalera de al lado no cuesta nada y lleva cinco. El tranvía 28 es el otro clásico, traqueteando por Graça, Alfama y Estrela sobre vías pensadas para una ciudad mucho más pequeña, y es transporte genuinamente útil, no solo un adorno fotográfico, siempre que evite subirse en Martim Moniz al mediodía, cuando se amontonan los grupos turísticos.

Belém merece su propia mañana o tarde en vez de un añadido apresurado: el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belém junto al agua y la cola de los Pastéis de Belém, que avanza más rápido de lo que parece porque hornean en tandas enormes. Si va a hacer el Parque das Nações y Belém en el mismo viaje, póngalos en días distintos, ya que quedan en extremos opuestos de la ciudad y el metro más el tranvía entre ambos consume más tiempo que las propias atracciones.

Compre las entradas del Oceanário y del teleférico online la noche antes si puede, porque los dos venden franjas horarias en verano y la taquilla presencial suele tener huecos solo para el final del día. La Lisboa Card puede compensar si también visita museos, pero para esta combinación en concreto, las entradas individuales compradas con antelación suelen ser más sencillas y de precio parecido.

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